Trastornos alimentarios en niños
¿Crees que tu hijo tiene una relación poco saludable con la comida? Los trastornos alimentarios también pueden afectar a los niños. Aquí te contamos qué son, cómo detectarlos y cómo buscar ayuda.
¿Qué es un trastorno alimentario infantil?
Los trastornos alimentarios en niños son afecciones serias que impactan tanto su salud física como su bienestar emocional. Si tu hijo tiene dificultades con la comida que persisten durante más de tres meses, esto podría ser una señal de alarma.
Trastornos como la anorexia, la bulimia o el trastorno por atracón pueden surgir por diversas causas, como factores psicológicos, influencias del entorno o predisposiciones genéticas. Estas afecciones suelen caracterizarse por una relación insana con la comida y una percepción distorsionada del cuerpo, lo que puede derivar en conductas alimentarias perjudiciales y una obsesión por el peso o la forma corporal.
Detectar y tratar estos trastornos a tiempo es clave para prevenir consecuencias a largo plazo y ayudar al niño a recuperar hábitos alimenticios saludables y una imagen corporal positiva. Padres, cuidadores y profesores deben estar atentos a los signos de alerta y actuar con empatía y prontitud buscando ayuda profesional.
Lo que realmente destacó de nuestra terapeuta fue su empatía genuina y su capacidad de comprensión. No solo tenía un profundo conocimiento sobre la neurodiversidad, sino que también compartía experiencias personales que conectaron con nosotros de inmediato, creando un vínculo de confianza desde el primer momento.
Benedetta Osarenk
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¿Cuáles son los signos de un trastorno alimentario en los niños?
Algunos signos que podrían indicar un trastorno alimentario son:
- Cambios en el comportamiento alimentario, como evitar comidas, comer a escondidas o ir al baño justo después de comer.
- Preocupación excesiva por el peso y el cuerpo, como hablar constantemente de estar “demasiado gordo”, hacer ejercicio en exceso o llevar solo ropa muy holgada.
- Cambios en el peso, tanto pérdida como aumento (en casos de atracones).
- Cambios emocionales, como mayor irritabilidad, ansiedad ante las comidas o retraimiento social.
- Síntomas físicos, como fatiga, debilidad, molestias abdominales o ausencia de menstruación en las chicas.
- Imagen corporal negativa y baja autoestima relacionada con el peso o el cuerpo.
- Seguimiento de cuentas en redes sociales centradas en la imagen corporal.
- Desarrollo de rituales con la comida, como cortarla en trozos muy pequeños.
Detectar estos signos y buscar ayuda profesional de forma temprana es esencial para evitar consecuencias graves y apoyar la recuperación del niño.
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Trastornos alimentarios comunes en niños
Algunos de los trastornos alimentarios más frecuentes en niños incluyen:
Anorexia nerviosa Los niños con anorexia tienen un miedo intenso a ganar peso y una percepción distorsionada de su cuerpo. Esto les lleva a restringir drásticamente la comida e incluso a realizar ejercicio en exceso, lo que puede causar una peligrosa pérdida de peso y deficiencias nutricionales.
Bulimia nerviosa La bulimia se caracteriza por episodios de atracones seguidos de comportamientos compensatorios, como provocarse el vómito, usar laxantes o hacer ejercicio de forma excesiva. Los niños con bulimia suelen experimentar sentimientos de vergüenza y culpa por sus conductas alimentarias.
Trastorno por atracón (o atracón compulsivo) Este trastorno implica episodios recurrentes de atracones sin realizar acciones compensatorias como en la bulimia. Los niños con este trastorno comen grandes cantidades de comida en poco tiempo y sienten que pierden el control durante estos episodios.
Trastorno por evitación/restricción de la ingesta de alimentos (ARFID) Antes conocido como trastorno alimentario selectivo, el ARFID se caracteriza por una restricción significativa de alimentos, no por preocupaciones relacionadas con el peso, sino debido a falta de interés en la comida o aversión a ciertas texturas o sabores. Esto puede llevar a deficiencias nutricionales y pérdida de peso.
Estos trastornos tienen graves consecuencias físicas y psicológicas, por lo que es fundamental buscar ayuda profesional ante los primeros síntomas. El tratamiento varía según el trastorno y las necesidades individuales del niño, pero suele incluir asesoramiento nutricional, psicoterapia y terapia familiar. Actuar pronto es crucial para apoyar la recuperación del niño y su bienestar.